Durante muchos años viví cómodo detrás de un teclado. Tenía el título de periodista, años de experiencia en diseño, teatro y comunicación política, y aun así evitaba la cámara. No porque me diera miedo; nunca me ha temblado la voz frente a un grupo. Lo evitaba porque me acostumbré a quedarme al margen. Parte por mi visión limitada. Parte por las críticas crueles de siempre. Parte porque crecer siendo “el diferente” te enseña a sobrevivir haciéndote pequeñito.
Todo cambió hace poco más de un año, cuando busqué a Carmen Quesada para una asesoría. Yo sentía que algo no encajaba: propuestas laborales tibias, interés a medias, puertas a medio abrir. Ella no tuvo piedad, y qué bueno, porque a veces uno necesita que le muevan el piso.
Me dijo: “Si yo buscara a alguien con su perfil, no lo contrataría”.
El mundo se me congeló. Respiré hondo y le pregunté por qué. Su respuesta fue tan lógica como dolorosa: “Usted tiene años en lo creativo, diseña, edita, escribe, hace de todo… ¿y tiene un CV gris, plano, sin alma? Si alguien tiene tanto que contar, ¿por qué se esconde?”.
Ahí caí en cuenta de que mi perfil bajo no era humildad: era una muralla. Un refugio. Una excusa para no mostrarme y para no enfrentar las voces que históricamente intentaron silenciarme.
Entonces tomé una decisión: empezar a contar mi historia, mis opiniones, mis aprendizajes, mis heridas y mis convicciones. Empecé escribiendo de todo: política, vida, emociones y reflexiones. Lo convertí en rutina. Abrí un blog. La gente empezó a escribirme, a conversar conmigo, a cuestionar y a agradecer. Y un día me dije: si ya escribo, ¿por qué no hablar?
Así nació mi etapa en TikTok. Al inicio tuve pocas vistas, nada extraordinario. Pero seguí. Empecé a hacer videos políticos, algunos con humor, otros más analíticos y otros francamente sarcásticos. Y sin deberle nada a ningún medio, me di permiso de opinar con claridad y sin disfraces sobre el país que me importa.
Ahí conocí la cara fea de lo digital: las críticas vacías, los ataques coordinados y los troles que repiten como eco lo que alguien más dicta. No fue sorpresa. En el 2022, por mi trabajo en comunicación política, tuve contacto indirecto con ciertos grupos chavistas y ya había visto cómo operaban: una persona viajando por el país para reclutar seguidores, compartiendo enlaces para atacar publicaciones contrarias, creando “seguidores mágicos”, cinco mil en una hora, como si uno no supiera distinguir lo orgánico de lo manufacturado.
Así llegaron a mis videos: miles de perfiles diciendo lo mismo, con las mismas faltas ortográficas y copiando la misma imagen. Una coreografía digital tan evidente que daba risa, después de pasar por la molestia inicial.
Este proceso me enseñó algo clave: la comunicación cambió. Hoy, en redes, muchos viven una realidad paralela. Te venden eventos “llenos” que en realidad son los mismos de siempre grabados desde un ángulo estratégico. Te venden apoyo masivo que son troles repetidos. Te venden polarización como si fuera un destino inevitable.
Pero también descubrí algo más poderoso: hay muchísima gente alzando la voz. Personas cansadas, críticas, informadas y decididas a no dejar que los fanatismos nos callen.
Hoy entiendo que esconderme no era humildad; era miedo. Y ese miedo no me pertenecía. Me lo heredaron quienes creían que yo debía ocupar poco espacio, hablar bajito y no incomodar. Aunque mis seguidores crecen despacio, me inspira haber alcanzado veinticuatro mil vistas en una semana.
Grabar videos, escribir abiertamente y mostrar mi voz no ha sido solo un ejercicio profesional, sino un acto profundamente personal: recuperar el derecho a ser escuchado.
Mi aprendizaje es simple pero contundente: cuando uno no habla, otros hablan por uno. Cuando uno no se muestra, otros inventan quién es uno. Cuando uno no levanta la voz, el silencio se convierte en cárcel.
Hoy elijo comunicar, crear, debatir, informar y cuestionar.
Elijo usar mi experiencia, mis cicatrices y mi oficio para aportar a un país que necesita voces claras y sin miedo.
Y, sobre todo, elijo algo que me tomó una vida aprender: hacerme escuchar, sin pedir permiso.
#fyp#viral #trending #reels #creativo #vozpropia #comunicación #autenticidad